Meditamos en que:
1.- Sin Cristo Jesús en nuestras vidas íbamos rumbo al fracaso, no solo en nuestra relación de pareja, si no en nuestra vida personal (Rom. 3:23)
2.- Que necesitábamos ayuda, y que solo Dios a través de Su hijo Jesucristo nos podía ayudar (Sn. Juan 3:16 y 17*)
3.-Nuestra condición de pecadores nos impedía tener comunión con
Dios, por tanto estamos separadas de Él.
¿Qué hicimos?
1.- Reconocimos que Cristo Jesús murió por nuestros pecados, pero que resucitó de los muertos y ahora está sentado a la diestra de Dios el Padre y desde ahí intercede por nosotros.
2.- Abrimos la puerta de nuestro
corazón para invitarlo a entrar, para tener
comunión con Él, pues solo así va a poder
dirigir nuestras vidas.
4.- Lo RECIBIMOS como nuestro
Señor y Salvador de nuestras vidas.
¿Qué sigue?
Nuestro corazón tiene un trono desde donde “alguien” gobierna:
z|Si mi “yo” está sentado en el trono; mi “yo” es quien me gobierna
Si el Señor Jesucristo está sentado en el trono; Él es quien me gobierna
Así estaba nuestro corazón
Antes de RECIBIR a JESUCRISTO
Como nuestro Señor y único y suficiente Salvador
Tenemos que ejercitarnos en la obediencia, pues si nuestra obediencia es parcial, así serán los resultados y si nuestra obediencia es temporal así serán los resultados.
Hna. María del Pilar Ortega de Zúñiga