y da semilla al que siembra, y pan al que come,
así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía,
sino que hará lo que yo quiero,
y será prosperada en aquello para que la envié.
(Isaías 55:10-11)
Hace más de 15 años, tan pronto como fui rescatada de una vida de pecado para vivir como una nueva
criatura, comencé a compartirle de Cristo a una joven y bella señora, que sin ser rica, era suficientemente
solvente para ella y su pequeño hijo. Ella se resistió por más de cinco años; aunque de vez en cuando me
prestaba oídos; y aunque era exhortada, redargüida o consolada por el Espíritu de la Palabra nunca quiso
comprometerse con Dios. Muchas veces quise cerrarle las puertas de mi hogar pues no ponía en práctica
Todo el Consejo de Dios para su vida, Durante este tiempo (con tristeza), fui testigo de cómo fue
perdiendo aquellas cosas que le brindaban “seguridad” hasta caer en la ruina y; casi llegar a la pobreza
extrema...
Por fin tuvimos que despedirnos pues yo me mudaría lejos de ella; y sentí mucha tristeza; pues era para mí
como una hija, y; ya no estaría con ella para escucharla y aconsejarla.
En nuestra despedida, la vi muy triste, y me hizo una promesa; que por fin se rendiría a Cristo; pero; me
pidió un último favor: que yo orara por su última posesión, Se trataba de un “terrenito” (un pequeño
predio).
Al llega al “terrenito”, aunque callé por no herirla (ya que conocía de antemano aquel lugar y se trataba de
un pantano donde solo había sapos, culebras, moscos al por mayor; y además un tiempo sirvió como
basurero); oré a Dios por que tuviera de ella misericordia, la afianzara en Su camino y bendijese aquel
lugar (repito: aunque yo no le veía la mínima utilidad, pues para mi solo era una zanja maloliente llena de
basura y “bichos”,). Después de orar, nos dimos un prolongado abrazo, lloramos juntas y nos
despedimos,
Durante los posteriores diez años, de vez en cuando, he vuelto a visitar aquella ciudad. La mujer
efectivamente por fin se rindió a Cristo; hizo lo que aconsejaba el profeta Isaías:
“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.
Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él
misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Isaías 55:6-7
Por alguien muy cercano a las dos; sé, como en medio de su pobreza, cuando logra escapar un poco de
dinero, compra camiones de “cascajo” y ella con sus propias manos ha ido rellenando el pantano.
¡Cualquiera! ¡Yo misma! ya hubiera desistido no así ella Cada vez que la visito, con mucha alegría me
invita a ver su “terrenito” (así lo llama con cariño), y; con sorpresa veo como aquel pantano se ha ido
transformando en un terrero útil.
Supe también; que con sus propias manos levantó una cerca y una pequeña cabaña con desechos de
madera, y; por algún tiempo ahí estuvo enseñando de la Palabra de Dios, hasta que la madera se pudrió
y la cabaña se derrumbó.
2
En mi última visita, con una gran sonrisa me invitó a visitar su “terrenito” para llevarles comida y agua a
“sus perritos” (ahora su predio tenía guardianes). Como sé que ella va con mucha puntualidad y diligencia
(y hasta urgencia podría yo decir), pensé que los perros eran de raza fina. Me llevé dos sorpresas. Casi al
llegar al “terrenito”, vi que en su rostro se dibujo una tierna sonrisa, y me dijo: ¡mira; ahí están!... se trataba
de dos diminutos canes flacos, corrientes y de paso sarnosos, una vez más; no entendía a aquella
reservada y callada mujer, (A mí, esos perros me causaron lástima y hasta un poco de asco,)
La segunda sorpresa fue; que en el lugar donde había estado la cabaña de madera, ahora había un
pequeño cuarto de bloques de cemento y; hasta tenía una puerta y una ventana de herrería,
Siendo como soy, me dediqué a observarla (y a sus canes también), y vi; como ella les servía el alimento y
el agua ¡con tanto cariño! que me dejó perpleja, las palabras que les decía eran; ¡¡como si fueran los
perros más hermosos del mundo'!! He de decir; que ella aunque pobre no ha caído en la indigencia; ni
en la locura, así que; no lograba entender porqué aquella pulcra y; aún joven y bella señora se tomaba
tanta molestia por un par de perro flacos y enfermos; YO; ya los hubiera llevado a perder; mas; no así
ella (Va a curarlos de la sarna).
Ella; habla poco; pero con su silencio enseña mucho. Así que; Dios se encargaría de explicarme lo que
nunca le pregunté a ella, Aquel terreno era semejante a su vida (y a la mía; y a la de muchos que hemos
sido rescatados de una vida de pecado); un pantano lleno de inmundicia, Un terreno; que no ha sido fácil
allanarlo, que ha requerido de mucho esfuerzo, de cansancio, de dolor, de negarse a sí misma, de no
buscar la salida fácil,de perseverar, de esperar y de confiar en Cristo; pero de actuar, de construir, de no
desistir, de no buscar soluciones sencillas; de redimir el tiempo; de amar lo que otros desechan y
menosprecian,
¿Y los cachorros flacos, corrientes y sarnosos?... Yo no se que para que Dios la esté preparando; ella no
habla de “ganar la naciones para Cristo”, pero; los niños vecinos de aquel pantano, la siguen buscando
para que les hable de Cristo, algunos son hijos de prostitutas, alcohólicos y drogadictos, y ella me ha
manifestado que quiere enseñarles del evangelio.
Han pasado casi 10 años y esa bella mujer, que algún día modeló en pasarelas y fue asediada por
hombres ricos; ha renunciado al confort del mundo para seguir a Cristo; y no ha desistido, Y yo; un día
en mi decepción casi quise cerrarle la puerta,quise cerrar mi boca; quise cerrar mi corazón, quise
desistir de seguir hablándole del evangelio,
Doy gracias a Dios por avergonzarme de esta manera, por hacerme entender que jamás es una pérdida
hablar de Su Evangelio... por que Sus pensamientos, no fueron mis pensamientos, y sus caminos son más
altos que los míos, pues Su Palabra jamás volverá a Él vacía
Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.
Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis
pensamientos más que vuestros pensamientos. Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y
no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al
que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero,
y será prosperada en aquello para que la envié. Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los
montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán
palmadas de aplauso. En lugar de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y
será a Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será raída. (Isaías 55:8-13)